lunes, 2 de noviembre de 2015

Desarrollo Sostenible en el siglo XXI por la vía del Socialismo.

El Socialismo es la vía

Por Ernesto Wong Maestre

La semana pasó como una ráfaga huracanada que sacude árboles frondosos, hace caer los secos y deja muchas y diversas huellas a su paso. No fue más que un haz de acontecimientos, todos estrechamente vinculados, relacionados  e impactando al mundo pero también impactados por lo que viene sucediendo desde hace quince a veinte años en nuestro planeta. Es la dialéctica de la vida humana, particularmente de la vida social en plena interacción con su ecosistema y profundamente dinamizada por las contradicciones de clases y por otras, como la relativa a lo individual versus lo social, o lo nacional versus lo multilateral, todas condicionándose mutuamente.  Los avances de la paz en Colombia, las acciones de  defensa integral de Venezuela, el nuevo período de la Asamblea General de ONU y la defensa de Siria por la aviación rusa, son varios de esos procesos huracanados y concatenados, porque, ante todo, prevalece el ideal de paz a pesar de las amenazas guerreristas de naturaleza hegemónica.

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) fue uno de los escenarios internacionales donde esa dialéctica de la vida social se expresó contundentemente. Las voces del respeto a los principios del derecho internacional (autodeterminación, soberanía, independencia, solución pacífica de los conflictos,  cooperación) conformaron la trinchera de ideas más potente frente a las voces de las grandes potencias imperiales del gran capital que, atrapadas en sus propias trampas, mostraron sus debilidades y sus prepotencias, sus contradicciones de intereses y sus falaces diagnósticos o demagógicas posiciones.  Ejemplos de ello son las diversas posiciones gubernamentales o mediáticas asumidas en la arena internacional frente a los 17 Objetivos de la Agenda para el Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas hacia el 2030 aprobados por la Asamblea General pues estos solo podrán ser alcanzados de forma mundial si los pueblos en todos los continentes desplazan del poder a las oligarquías burguesas y asumen la gestión directa y democrática de la dirección del proceso social de trabajo en cada país y comienzan a practicar políticas exteriores apegadas a los principios del derecho internacional y de los procesos integracionistas que propugnan también la solidaridad y el provecho mutuo en los intercambios.

Es decir, la vía para alcanzar dichos Objetivos es construir el socialismo, lo que presupone, no solo que candidatos decididamente socialistas ganen las elecciones, sino que también después de ganar puedan cumplir lo prometido, en lo que la máxima responsabilidad por deber histórico radica en los pueblos y sus movimientos sociales.  Y en esto, innumerables ejemplos nos indican que ese es un camino obstaculizado militar, financiera y mediáticamente por las propias potencias imperiales, aunque eso no es determinante, como lo han demostrado los pueblos de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador, Dominica, entre otros, que han sabido estrechar lazos de todo tipo en los últimos veinte años y juntos han enfrentado y vencido, con apoyo de potentes aliados,  las maniobras abiertas o las operaciones encubiertas lanzadas contra ellos, principalmente por el imperialismo estadounidense.

Por ello, quienes mejor podrían guiar a sus sociedades hacia el logro de los 17 Objetivos son los gobiernos con el rumbo socialista, dispuestos y con poder para sortear obstáculos y vencer.  Entre todas esas voces antimperialistas y potentes, la de nuestro Presidente Nicolás Maduro, exponiendo las posiciones de política exterior, tiene el mayor significado para las perspectivas estratégicas de la Revolución Bolivariana, como proceso de  transformaciones integrales y estructurales del país en su interacción con todo el mundo. Allí se apreciaron las coincidencias, los mutuos intereses y la comunidad de valores con los gobiernos y pueblos de aliados estratégicos como China, Rusia, Cuba, Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Argentina, Brasil, Irán, Bielorrusia,  Vietnam, Angola, Suráfrica, entre otros. Es en esa identidad multipolar donde se afianzan las perspectivas para la Patria de las próximas décadas. Sepamos estudiarlas, sustentarlas y defenderlas que la Patria le urge y nos lo reclama.



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