viernes, 13 de noviembre de 2015

La geopolítica rusa en el Medio Oriente

Rusia y el acero de Damasco

Por Ernesto Wong Maestre

“El acero de Damasco” es una de esas expresiones comunes en el otrora Ejército Rojo soviético de elogio al buen acero para construir fusiles, cañones, proyectiles o aviones que se puede encontrar en obras literarias como esa de Alexander Bek “Los hombres de Panfilov” donde se narran las peripecias de un batallón soviético formado por rusos, kasajos, kirguises, entre otras nacionalidades y que en el sureste de Moscú mantuvieron a raya a varios batallones de nazis durante los cruentos combates de la 2da guerra mundial.

Hoy, a setenta años de aquella epopeya antifascista, “el acero de Damasco” y la tecnología militar rusa siguen vinculadas intensamente, como nunca antes, por la necesidad imperiosa de hacer sobrevivir a una sociedad aliada como la siria y evitar a toda costa la consolidación de un proyecto expansionista del imperialismo yanqui usando el poder de una fuerza político-militar-seudoreligiosa muy parecida en sus métodos y fines a las hitlerianas, como lo es el Estado Islámico (Daesh o EIIL), formado como consecuencia del desastre social causado por EEUU en Irak, Afganistán, Libia y la propia Siria.

Ayer los fascistas usaron las cámaras de gas y otros métodos para matar en masa a sus víctimas, mientras que el Ejército Rojo cuando vencía a los alemanes, los detenía y luego los soltaban con vida, como ocurrió al concluirse la batalla de Stalingrado que los soviéticos apresaron a doscientos mil soldados y oficiales hitlerianos y le preservaron sus vidas hasta el fin de la guerra en que les dieron la libertad a los que no cometieron crímenes de guerra. Ese contraste entre la concepción socialista de la vida y la visión fascista continúa estando vigente.

Hoy los terroristas del Estado Islámico se jactan de degollar a personas inocentes delante de las cámaras de televisión o a violar a las jóvenes que no desean servir de objeto sexual, mientras que la aviación rusa emplea millones de rublos para poder eliminar la base tecnológica y de avituallamiento de ese demonio llamado EIIL ó Daesh y este quede en igualdad de condiciones ante “el acero de Damasco” que anda limpiando de terroristas a las ciudades sirias invadidas.

Las consecuencias de la precisión artillera aeroespacial rusa con que se han abatido los blancos seleccionados dentro del área de control del Daesh ya son temibles para los adversarios de Rusia y alentadoras para sus aliados estratégicos y para los que aspiren a serlo.  Hay que imaginarse un disparo de un misil Kalibr, como esos que volaron los cielos de dos países y destruyeron los objetivos a 1500 kms con margen de error de 3 metros, para darse cuenta del poderío efectivo con que cuenta Rusia, no solo para defender su territorio sino también para cumplir con su última  Doctrina Militar que autoriza a las fuerzas armadas rusas a asistir y apoyar con armas y hombres a sus aliados amenazados o invadidos por otros países.

De manera que ahora “el acero de Damasco” está fortalecido y su empuñador principal, Bashard Al Assad, podrá seguir dándole curso a los caminos independentistas que abrió su padre Hafez Al Assad allá por los inicios de la década de los setenta, quien después de formarse como militar en la antigua URSS, asumió el poder en Siria y enfrentó quizás una de las operaciones encubiertas mas sangrientas, que echó a andar la inteligencia estadounidense a inicios del gobierno ultraconservador de Ronald Reagan: la masacre de Hama, donde murieron más de 20 mil seres humanos después de haber comenzado la hoy llamada “pelea de perros” con el protagonismo central de los Hermanos Musulmanes que ejecutaron un día antes a grupos de sirios partidarios de Al Asad y encendió la pelea entre los sirios para dejar huellas imborrables que hoy sigue explotando a su favor las fuerzas de la OTAN con EEUU a la cabeza.

¿Y qué esperaban de Rusia los halcones de la Casa Blanca? ¿qué podían esperar de Vladimir Putin los adversarios occidentales?. Rusia tiene una amplia gama de expertos analistas internacionales, no solo arabistas sino también de estudios judaicos y persas, así como de altos especialistas en geopolítica defensiva. Es profunda conocedora metro a metro de Siria, donde los niños y niñas estudian el idoma ruso con carácter obligatorio en las escuelas, y es muy experimentada en la dinámica sociopolítica del país y del Medio Oriente en general. Con la potenciación que le significa su alianza con China  y los fantásticos acuerdos del 2014 con el gigante asiático, así como el convenimiento nuclear con Irán y la entrada de la India y Pakistán en la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) liderada por China y Rusia, el panorama estratégico estaba bien claro para Moscú para revertir la inminente conquista del “Acero de Damasco” por la alianza Pentágono-Daesh-CIA.

Los pueblos del mundo, y especialmente los árabes, persa, turco, kurdo, afgano, libanés y musulmanes en general, entre otros, incluso europeos, vuelven a tener una gran deuda moral y ética con el pueblo ruso a quien debe rendírsele altos honores en la Organización de las Naciones Unidas y en todos los organismos de integración del mundo por la gesta que están librando en beneficio de la humanidad.


@ProfeWong
profewong.blogspot,com

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