domingo, 10 de abril de 2016

El eje central de la política internacional de nuestra época



Tendencias actuales en el mundo globalizado

El eje central de la política internacional de nuestra época
 
Por Ernesto Wong Maestre (*)

Un mundo con los tres mundos en interacción
En el mundo de hoy, como en ningún otro momento de la historia humana, la complejidad de las estructuras internacionales o red de relaciones y vínculos, entre actores de diversa naturaleza, composición y poder, con sus acciones y  operaciones en todos los sentidos y direcciones, alcanza un grado tal que para su descripción, análisis, síntesis, configuración, comprensión e interpretación, hasta la computadora china más potente del mundo como la Tianhe-2 ('Vía Láctea-2') demoraría varios años en procesar lo que varios años llevaría al ser humano introducir en ella para ordenarlo, clasificarlo, sistematizarlo y evaluarlo.   
Sin embargo, es innecesaria toda esa labor computacional para comprender e interpretar ese conjunto de acontecimientos que vienen sucediendo y a veces nos sorprenden. Sean las revelaciones de Wikileaks, de Edward Snowden o de los “Panamá Papers”;  las crueles ejecuciones y masacres de la Boko Haram o el Daesh contra familias indefensas; o las propias falsedades cínicas de las grandes corporaciones mediáticas contra los pueblos que batallan por un mundo mejor; todas son expresiones de que el mundo de hoy ha llegado a un nivel de su desarrollo en que sus contradicciones ya están llegando a un estado tal que ni la neutralización, ni la soluciones clásicas podrán evitar la transformación estructural o el salto cualitativo de, la llamada por algunos internacionalistas, “sociedad internacional”.
Para otros, como Jürgen Habermas, se transformará el “mundo de la vida”. En este caso,  el filósofo alemán posee una visión más integrada de lo internacional con lo nacional porque es la unidad formada por la cultura, la sociedad y la personalidad, ninguna de las cuales se conforma y se integran como sistema  ajena a los efectos de la globalización.  Pero todo cambio estructural –entendido como Jean Piaget- siempre está asentado en una estructura anterior, menos compleja, y nunca ese cambio es de lo blanco a lo negro, ni es lineal. Siempre hay momentos, épocas o períodos de tránsito que a veces aparentan retrocesos, según sea el tipo y magnitud del cambio estructural (en esos “tres mundos” con visión habermasiana más que poperiana) que estemos estudiando, es decir, el “mundo objetivo”, el “mundo social” y el “mundo subjetivo”, los cuales están cada uno en plena transición en razón de que la realidad es dialéctica.
Los tres mundos en transición
El panorama internacional que se ha venido configurando en los últimos cinco años nos muestra que entre el fin del “Siglo XX Corto” llamado así por el historiador británico Eric Hobsbawm, cerrado a fines de los 80 y el inicio de esta  segunda década del siglo XXI,  hay veinte años donde la humanidad y sus actores internacionales desencadenaron varios procesos económicos, financieros, políticos y comerciales que para el actual momento han generado varias tendencias internacionales muy características de un cambio sustancial del “sistema internacional”, ese que fue descrito, entre otros, por el estructural-funcionalista Karl Deutsch en la década de los 70 o por los especialistas de la teoría de la Dependencia, o el analizado por Emmanuel Wallerstein  en su reflexión Sistema-Mundo, aunque éste eminente investigador ya había comenzado a distinguir ciertas evidencias de significativos cambios estructurales expresadas en su teoría de Economía-Mundo.
Está ocurriendo un tránsito de sistemas internacionales o de economías-mundo  al mismo tiempo del tránsito de sistemas sociales en los marcos del Estado Nacional pero fuertemente impactado por las operaciones globales, precisamente por esa unidad que se da entre lo internacional y lo nacional. El “mundo de la vida” es uno e indivisible en su totalidad concreta.  
Mencionemos algunas tendencias de ese “mundo de la vida” manifestado como “sistema” donde es difícil abstraerse o aislar lo externo de lo interno, y lo aparentemente grande de lo aparentemente pequeño. En esta necesidad dialéctica para comprender la propia realidad, las propuestas epistémicas del filósofo de la praxis Karel Kosik resultan claves quien sugirió distinguir de esa apariencia real, aquello que es medular o significativo para el estudio de una problemática e ir por aproximaciones sucesivas configurando las estructuras claves y relacionándolas con otras. Mediante ese método se puede arribar a ciertas conclusiones de donde, entonces, se debe partir para continuar tratando de llegar a esa totalidad concreta que es la realidad. Totalidad concreta y pseudoconcreción se van configurando paralelamente, única forma de evitar una de las paradojas de la teoría de los sistemas.
La contradicción clave del poder mundial y formas de expresarse
Veamos. Una de las tendencias en el mundo globalizado de hoy y de mayor magnitud puede configurarse en torno a la contradicción entre EEUU-aliados y la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que está en pleno crecimiento, liderada por la alianza sino-rusa. El incremento de la membresia de esta última, con la entrada de India y Pakistán, la elevación de sus volúmenes de producción y capitales, de territorios y poblaciones, y de potencia nuclear, ha hecho variar la correlación internacional de fuerzas entre ambos conjuntos de actores, con tendencia a inclinarse esa en contra de EEUU. Tal tendencia se fortalece paradójicamente con otra derivada de las estrategias del imperialismo europeo y norteamericano, en crisis multidimensional, para fortalecer sus operaciones neocoloniales, reconquistar su antiguo traspatio al sur del Rio Bravo y tratar de competir con la OCS, ante diversos avance de sus miembros en Asia, África, América Latina y Europa. Este juego de contradicciones constituyen la clave más significativa en el curso de los acontecimientos mundiales.
Para algunos estudiosos, como Federico Vásquez de Le Monde Diplomatique, la región latinoamericana  comienza a sufrir los embates de la crisis económica del capitalismo estadounidense, a partir de 2013 y 2014, cinco años después que revienta la crisis financiera de 2008 en el corazón del imperio. Este investigador se pregunta “¿Cuándo empezó a cambiar el panorama que hoy nos devuelve una imagen regional tan distinta, con un gobierno de derecha en Argentina, una crisis institucional y política en Brasil, una economía evaporada en Venezuela y hasta una derrota del mismísimo campeón de elecciones, Evo Morales?” (1).
La contradicción clave en América Latina y El Caribe
Ese “cuándo”, contestarlo en el mundo de hoy, no es una tarea fácil, pero, sin dudas, está relacionado con el tiempo en que las transformaciones revolucionarias en Venezuela (1999-2004) condicionaron el fortalecimiento del proyecto emancipador del Comandante Hugo Chávez y éste proclamara para Venezuela, iniciándose 2005, la vía socialista como la esperanza, luego de que en diciembre de 2004 creara junto al Comandante Fidel Castro la entonces Alternativa, luego Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
Con ello comenzó a elevarse el nivel de esa toma de conciencia de los pueblos latinoamericanos de que sí se podía vencer a los tradicionales partidos políticos, causantes de tanta miseria e infelicidad en los pueblos, mediante las elecciones,  aún cuando no se tuviera la conciencia suficiente de qué y cómo hacer para mantener y para sostener el poder, lo que fue aprovechado por ese imperialismo rapaz y voraz para, tres años después, es decir en 2008, comenzar por reconquistar los espacios perdidos y golpear a los “eslabones más débiles” de la cadena formada por los proyectos de gobierno populares de Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Venezuela, Paraguay, Honduras y de los países caribeños integrantes del ALBA donde hay dinámicas políticas propias y con ciertas diferencias a los procesos suramericanos.
De ellos, en donde menos estructuradas estuvieron las fuerzas populares decididas a la transformación, fueron los gobiernos de Mel Zelaya en Honduras derrocado en junio de 2009 y de Fernando Lugo en Paraguay, derrocado en junio de 2012. Ambos fueron las primeras víctimas de las fuerzas ultraconservadoras estadounidenses que enarbolan la política del “smart power”, de las nuevas estrategias injerencistas proclamadas por el dúo Obama-Clinton, en el poder desde enero de 2009 y de las negociaciones imperiales entre los grupos políticos estadounidenses que comprados legalmente por las mega corporaciones desde los primeros años del siglo XXI se dedicaron a desestructurar el poder de las tradicionales élites yanquis con el fin de adueñarse del Estado, hasta aprobar la ley del financiamiento privado de los candidatos, lo que ha sido otra expresión de la crisis de valores de la nación norteamericana.
Golpes de Estado a esos dos gobiernos de orientación popular, con una diferencia de tres años fue toda una proeza de esas fuerzas oscuras ante esos siete u ocho procesos sociopolíticos antiimperialistas de transformaciones sociales en países de la región, unos con mayor radicalidad que otros, quienes reaccionaron fuertemente a través de los entonces órganos o movimientos internacionales emergentes existentes, sea el Grupo de Río o el Foro de Sao Paulo. Ello pudiera considerarse una muestra de cómo cambió el mundo en contra de los apetitos expansionistas estadounidenses expresados en la llamada ALCA.
La contradicción se incrementa porque la correlación cambia
Pudiera afirmarse que a partir de asumir en enero de 2009 el gobierno de EEUU por el dúo Obama-Clinton (todo un símbolo de la capacidad del sistema imperialista para autorregular su reproducción, adaptarse a los nuevos tiempos y mantener su hegemonía no solo en muchos países, sino entre las clases acomodadas de todos los países) fue que se aprecia mejor la otra cara de la confrontación principal de nuestra época entre EEUU-Aliados y la alianza entre Rusia-China-Aliados, la de la contraofensiva conservadora neomonroista con tendencias neoaislacionistas, es decir, una vuelta al monroísmo de ambicionar las tierras del sur americano y al mismo tiempo ir “aislándose” de los conflictos en Europa y Asia pero tratando al mismo tiempo de mantener el equilibrio de poder respecto a la alianza ruso-china, en lo que las negociaciones entre las grandes corporaciones no dejan de desempeñar un rol significativo.
El primer lugar escogido para ello fue la ofensiva sobre Libia y con ella eliminar uno de sus principales obstáculos, Muamar el Gadafi, quien controlaba los hilos del poder de gran parte de África Sahariana. En solo ocho meses del 2011 se desvaneció ese poder, con el cruel asesinato de corte imperial del líder libio bajo los bombardeos de la OTAN y del típico “enjambre social” a escala nacional sugerido por los tanques pensantes del Pentágono para desestructurar la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista.
Después de alcanzar ese objetivo geopolítico en Libia que favoreció la penetración de la OTAN en más del sesenta por ciento de los países del norte centro de África, y crear ciertas condiciones en Suramérica a través de los grandes centros financieros, fondos buitres y sus redes mediáticas,  comenzó la contraofensiva del imperialismo estadounidense y de su gobierno sobre nuestra región. El último golpe de Estado lo promovieron –como se apuntó antes- en junio de 2012 en la triple frontera, con el control sobre Paraguay (el punto más céntrico para controlar el tablero del poder suramericano), y paralelamente, aprovechando el debilitamiento de la estabilidad en Venezuela a causa de la grave enfermedad y posterior muerte de Chávez, el imperio prosiguió creando condiciones para mejorar sus posiciones, sea en Chile con Sebastián Piñera, fortaleciendo a Santos en Colombia, conquistando a Ollanta Humala en Perú, congraciándose con inversiones en Uruguay o financiando a viejos camajanes políticos de corte socialdemócrata como Vargas Llosa o Felipe González para injerenciar, a través de ellos, en las naciones que le son incómodas y tratar de fortalecer mediáticamente a candidatos políticos que nunca han hecho nada por  sus pueblos.
A partir de ahí, el imperialismo y su Complejo Militar-Financiero-Comunicacional (CMFC) intensificaron aún más sus agresivos planes de poder inteligente, comenzando la ofensiva tridimensional contra el presidente Nicolás Maduro y contra el grupo formado por Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica,  conspirando solapadamente en contra del gobierno brasileño de Dilma Rouseff y del gobierno surafricano de Jacobo Zuma, los dos eslabones más débiles del grupo BRICS. Y al mismo tiempo, fortaleciendo la Alianza del Pacífico en tanto debilita a su más fuerte competidor como es Mercosur, torpedeando la gestión de la incómoda Cristina Fernández hasta lograr poner a su lacayo Mauricio Macri como Presidente de Argentina, para entonces centrarse en llevar a un posible juicio político a la presidenta Rousseff.
Igualmente, lograr con sus lacayos bolivianos que Evo Morales no pueda reelegirse y mantener el jaque sobre el gobierno ecuatoriano de Rafael Correa o la presión del “poder inteligente” contra la Revolución Cubana mediante una estrategia que –dicho sea de paso- le puede resultar altamente costosa a mediano plazo al imperio,  dadas las alianzas estratégicas de Cuba con Rusia, China, India y otras potencias emergentes vinculadas a la OCS, y la decisión de un pueblo fidelista y guevarista que por varias generaciones aprendió a no confiar en el imperialismo “ni un tantito así”.
El imperio extrae enseñanzas y las convierte en nuevas conspiraciones
En la realidad concreta, el “smart power” de Obama-Clinton aprovecha, para sus ambiciones como imperio, las contradicciones internas de las naciones que radican en tratar de asumir el modelo político del socialismo del siglo XXI pero sin llevar a cabo las necesarias transformaciones jurídicas, políticas y económicas que garanticen la sostenibilidad del poder popular en el tiempo necesario para que la población logre concientizarse en todo lo que significa asumir el poder de gobierno pues con solo algunos o muchos proyectos de beneficio social no es suficiente para vencer en esa guerra "avasallante" tridimensional (violenta-financiera-mediática) que desata el dúo imperio-burguesía contra los pueblos, como lo alertaron Ana Esther Ceceña o Atilio Borón recientemente en el Encuentro de Intelectuales por la Humanidad de Caracas.
Lamentablemente, aún no se ha desarrollado la plena conciencia de los jóvenes líderes latinoamericanos y sus seguidores (a veces convertidos de la noche a la mañana en gobierno, y formados bajo los cánones y restricciones neoliberales impuestas en las universidades desde las décadas de los ochenta y noventa) de lo inútil que son, para poder hacer las transformaciones socialistas profundas, las herramientas del conductismo enajenante, del pragmatismo filosófico de naturaleza utilitarista, del positivismo lógico antisocial o del empirismo cortoplacista y reduccionista que afectan las decisiones políticas, económicas, comunicacionales, culturales y hasta militares. Solo la dialéctica marxista enriquecida por diferentes corrientes políticas e ideológicas seguidoras de Carlos Marx, Vladimir Ilich Lenin, Mao Tse Tung, Juan Carlos Mariátegui, Ho Chi Minh y Fidel Castro, y con los aportes marxistas de Hugo Chávez,  quien incursionó ontológicamente en el mundo de la intersubjetividad, podrá dar más cohesión teórica y convención comunicacional al proceso de transformaciones y poder llegar a entendimientos con todo el pueblo que conduzcan a consensos de la acción coordinada de carácter tridimensional para la defensa integral.
 Las nuevas conspiraciones imperiales y la necesidad de apoyo simétrico
Pero si algo ha detenido el ritmo de la contraofensiva imperialista sobre América Latina y El Caribe ha sido la elevación del intercambio y las negociaciones entre los proyectos populares de gobierno de orientación socialista y los gobiernos de China y Rusia principalmente, aunque sin dejar de reconocer también el avance de las relaciones con Irán, la India, Vietnam, Bielorrusia, e incluso con otros países de Europa, Asia y África. De todo ello, la Cumbre CELAC-CHINA con sus acuerdos y el incremento lógico del intercambio militar con Rusia, fueron los dos factores que más aceleran los planes injerencistas e intervencionistas  de EEUU en nuestra Región, pero por otro lado, son los factores externos más significativos para que América Latina y El Caribe puedan consolidar sus independencias antes de que el imperio logre con sus aliados burgueses consolidar gobiernos de corte fascistas o llevar al caos a nuestros pueblos, tal y como lo ha logrado en otras latitudes.
En el siglo XXI la “insubordinación fundante” para consolidar las independencias de las naciones, de la que nos sugiere Marcelo Gullo tiene, sin dudas, ahora en el siglo XXI  la necesidad de un componente externo de apoyo simétrico o determinante para poder enfrentar con éxito a esa fuerza imperial que nos quiere volver a subordinar a sus intereses. Pero tampoco es suficiente la ayuda externa porque sin transformaciones profundas internas que hagan doblegar a la burguesía se diluye el apoyo externo y termina imponiéndose el dúo imperio-burguesía criolla.   
En conclusión, seguirá siendo la contradicción entre el polo EEUU-Aliados y el polo Rusia-China-Aliados el eje en torno al cual todas las mega corporaciones se reacomoden y los pueblos puedan decidir más libremente, pero siempre que surja la nueva correlación mundial de fuerzas que se incline por la vía de la paz más que por la vía de la guerra. Ella condicionará la conformación, por parte de todos los actores, del nuevo “mundo de la vida” de las próximas décadas.      

(1)  Vázquez, Federico (2016). La crisis del posneoliberalismo. Causas del retroceso de los ciclos progresistas. Original en Le Monde Diplomatique. Consultado en rebelión.org el 5 de abril de 2016.

(*) Internacionalista y politólogo. Fundador de la Maestría en Relaciones Internacionales de la UMBV. Profesor del Seminario África de la EEI-UCV. Conferencista en universidades de Venezuela y México. Analista en programas de televisión y radio. Presidente de Planeación, Organización y Desarrollo de la Tricontinental de las Relaciones Internacionales y la Solidaridad (Trisol). Editor y comunicador.

1 comentario:

DESCOLONIZANDO NUESTRA AMERICA dijo...

Excelente texto, con un análisis muy profundo y realista de nuestra situación como suramericanos frente a ese gran monstruo llamado mundo el Imperialismo Norte Americano.El Comandante Chavez nos dio todas las claves para avanzar en nuestro proceso de verdadera Independencia y Soberanía Nacional e Internacional pero concurso con ud. apreciado Profesor Wong "aún no se ha desarrollado la plena conciencia de los jóvenes líderes latinoamericanos...". Se han hecho esfuerzos gigantes en esa área de la formación y estudio a través de los nuevos programas de educación universitaria, con contenidos altamente relacionados con nuestra historia y nuestras luchas pero aun nuestros lideres que están al frente dirigiendo estos importantes procesos dentro de la revolución le dan poca importancia a los procesos formativos necesarios para entender y trasmitir al pueblo en términos sencillos la estrategia imperial, por eso hoy mas que nunca seamos como nuestro Gigante Hugo Chavez, un estudioso igual que ud de este fenómeno llamado Imperialismo Norte Americano.

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